jueves, 20 de julio de 2017

Entre tanta tecnología es difícil escribir




Ahora el ruido de la televisión ya no es tan nocivo para la concentración, como también el bullicio de la calle que ha quedado relegado por las garras del mundo virtual. Así, vemos que la tecnología se ha apropiado de nuestro tiempo y nos arranca las alas de la inspiración. Un mal necesario, un veneno y antídoto para los que viven del arte. Es difícil sentarse a escribir mientras otros te escriben, te llaman y en tan solo entrar a una red social, pierdes unos considerables minutos, olvidándote de lo que querías hacer. En sí, te atrapa y no te suelta.

El celular se vuelve enemigo en estos casos, como cuando te ametrallan al Whatsapp con sus incansables vibraciones o las notificaciones de alguna red social que te piden a gritos que los revises, amenazándote con sus sonidos y luces que te obligan a que debas contestar. Sí, un celular ha adquirido poder que ya no nos deja entrar a otros mundos.

La inspiración, hoy se siente secuestrada, tentada, porque Netflix ahora está tan presente en estos tiempos y aunque te resistas, ella te llama, te seduce y pide a gritos que te sientes y veas su contenido, tanto luchamos contra la televisión, que ahora volvemos a ser sus esclavos. Y en estos tiempos modernos todo se ha vuelto tan frío y rutinario. Tan plástico y metálico. Qué lástima, pero no nos damos cuenta, que el tiempo se nos acorta.

El ejercicio de escribir ahora es darle la contra al mundo; solamente queda apagar la vida e incursionar en lo irreal.

miércoles, 28 de junio de 2017

El grito en medio del ruido

— ¡Y por fin me tocó con Gia en el curso de Estadística! ¡Después de tanto tiempo pude coincidir con ella! — Dijo Danil. 
Él siempre la veía, tanto en la cafetería, en la biblioteca y por los pasillos de la universidad. Pues se había quedado prendado desde la primera vez que coincidieron en el segundo año cuando llevaron un curso.

— Tendremos un curso por la mañana — dijo viendo el horario — ¡Bien carajo! Se me hizo una, el curso es complicado y se acostumbra a hacer grupos, fácil esta vez hablaremos mucho más — Pensó Danil emocionado.

Había hecho grupo con Gia en algún momento, pero después de eso, solo conversaban poco, no se hicieron amigos, solo quedó en saludos y unos cuantos cruces de palabras. Aunque había pasado un año, pero para ella, su presencia era irrelevante.
Por la noche llegó a casa luego de una larga jornada, pues trabajaba por las tardes para pagar su universidad. Estaba harto, porque ir en bus a partir de las 8:00pm era una tortura, el tráfico limeño no le tenía piedad y llegar a Ate era todo un calvario. Calentó el Seco de pollo en el microondas, comía solo ya que a las 10 de la noche su familia había cenado, casi nunca lo esperaban por la hora.

Mientras comía revisaba su Facebook y subía unas fotos a su Instagram de su provechoso día.
Estaba cansado, no prendió su laptop y se echó a su cama. En la oscuridad de su habitación pensó que por fin algo bueno había sucedido, sí, Gia. Luego empezó a tramar lo que iba a hacer al día siguiente para hablarle, una hora después, se quedó dormido.

Al día siguiente, casualmente ellos fueron los primeros en llegar, media hora antes.
— Hola Gia, pucha a los años. Ha pasado tieeeempo luego del curso que llevamos con el profe. Bustamante — Dijo Danil mirándole a los ojos

Ella volteó y lo miró. Tomó su tiempo para reconocerlo pero sin resultado. Lo había olvidado.
— Hola… sí, supongo — respondió Gia algo confundida.

Y su pequeña conversación fue interrumpida por la llegada de su profesor.

4 horas después, a la salida, Danil vio a Gia tomando el autobús. Fue corriendo para alcanzarla y lo logró.
La encontró sola al lado de la ventana, en el lado izquierdo; él se sentó a su lado y empezó a hablarle:
— Hola, ha pasado mucho tiempo después del curso del profe. Bustamante, fue chévere hacer esos trabajos grupales — Comentó Danil.
— ¿Te acuerdas cuando fuimos a la casa de Vanessa? Ese día que Josué llevó un ron en su mochila. Terminamos tomando, menos mal sus padres no estaban — dijo Danil riéndo.

Ella volteó a la derecha

— Gia... siempre me caíste bien, no sé por qué no hablamos más o nos distanciamos estos meses
— Siempre me parecías interesante.
— A veces te veo sola en la biblioteca, yo también voy solo, tal vez podamos estudiar juntos.
Ella volteó a la derecha nuevamente y esta vez sonrió.

... Y él siguió hablando, no paraba.

—Me gustaría conocerte mucho más, siento que nos conocemos de años — Ahora lo dijo más decidido.
— Lo malo es que no coincidimos en los demás cursos
— Podemos ir al café Valdés que está a la vuelta — dijo Danil con gesto ilusionado.
— Espero que te animes
—Hay tanto por conversar — dijo Danil un poco confundido porque no recibía respuesta.
¿Ah? ¿Me hablabas?
— Disculpa, estaba escuchando música a todo volumen — comentó Gia sacándose los audífonos que funcionaban por bluetooth y llevando su cabello hacia atrás.
¿Sí? ¿Me decías algo?
— No... nada — respondió Danil tartamudeando 
Ahh, entonces permiso, voy a bajar.