Conocí a Augusto en la entrevista de trabajo, estaba sentado a mi costado. Tenía
puesta vestimenta informal como para la ocasión short, zapatillas
viejas, polo manga acero además de tatuajes en el brazo; al verlo pensé
“Este huevón no pasa” pero me equivoqué, pasó y pocos fuimos llamados
para el siguiente día, para la inducción y capacitación.
Al día siguiente seguía vestido de la misma manera. Llegamos temprano y la señorita de RR.HH. no veía, hablamos un poco ya que tres del día anterior estábamos ahí. Hablamos sobre el trabajo, experiencia, etc. hasta que llegó la señorita.
Al día siguiente seguía vestido de la misma manera. Llegamos temprano y la señorita de RR.HH. no veía, hablamos un poco ya que tres del día anterior estábamos ahí. Hablamos sobre el trabajo, experiencia, etc. hasta que llegó la señorita.
Al culminar nos enviaron al mismo local para empezar al día siguiente. Augusto ya había trabajado en ese puesto, el de almacenero pero en otro local, era un capo.
Días después ya nos saludábamos, nos bromeábamos, hablábamos sobre nuestras vidas y me ayudaba en cosas que no sabía.
A la semana ya se había formado como un grupo donde la joda reinaba ya no se veía como trabajo sino como un relajo todo el día nos reíamos, todo comandado por Martel y también Márquez, Bazalar, Cienfuegos, Lurita, Paz Soldán (jajaja me río mientras escribo). En el refrigerio todo era apodos, chistes, joda, etc. Martel era el payaso de ahí, el típico chico de calle, el florero, el que tenía flow, su chispa era innata quién empilaba a la gente. Todos nos reíamos por Martel pero a veces no por sus chistes si no por las estupideces que hablaba jaja.
Hubo un tiempo en que tenía el mismo horario de salida con Augusto, salíamos juntos conversando hasta el paradero y fue uno de esos días en que me dijo que tenía un hijo de 3 años, me sorpredió aunque en estos tiempos es algo normal.
Llegó la quincena y con ella el pago. Me dijo para que me acompañe, le respondí que no era necesario y me dijo que me podían robar, que con mi cara de huevón cualquiera me robaría y que en estas fechas era peor. Terminó acompañándome.
Luego le acompañé a comprar regalos para su hijo. “Mi hijo es bien vivo, es lo máximo, es más mosca ese huevón”. A su edad le gusta ver el Chavo del 8 pero el verdadero no el dibujo y entiendo todo! A veces jugamos y él me pega tipo Don Ramón, imita el pipipi del Chavo y se ríe de lo que hacen en cambio el Chavo animado le aburre.
Compró un pantalón, un par de rompecabezas, un peluche del Chavo y un polo rojo del Chapulín Colorado.
En esos días salíamos de refrigerio a la misma hora con otros patitas más y como Martel y los demás no salían me pasaba conversando con Augusto. En eso me dijo “Oe tu celular es bacán, se te puede perder justo hoy, te estoy avisando” jajaja. No sé lo que tengo pero muchos me cuentan sus verdades, debí ser psicólogo Ok no. Me dijo que me tenía confianza y que no le diga a nadie lo que me iba a decir:
“Yo robo desde los 16 años, lo hacía poco ya a los 18 lo hice más seguido, hasta de madrugada lo hacía. Pero fue por mis amigos ellos me metieron en eso y me gustaba porque sacaba plata altoque, robaba celulares y carteras. En las carteras sacaba más porque hay muchas cosas ahí, una vez encontré un consolador jajaja. Los celulares los remataba en la cachina a 80, 100 soles un iPhone, Galaxy, Nokia, etc. uno estaba desesperado, quería plata en ese momento.
Una vez con mis patas alquilábamos un mototaxi y robábamos a pasajers y a la gente que pasaba le arranchábamos sus cosas o a veces cogoteábamos y nos íbamos con todo."
¿Y ahora lo haces o ya lo dejaste?
"Ahora ya no he cambiado por mi hijo, no ves que trabajo a la legal? Tengo miedo de que me chapen, ya fue esa vaina de robar, a mis dos patas ya lo encerraron, no quiero estar como ellos."
Un tiempo después le robaron su billetera cuando salió del trabajo, según él una tía se le apegó y se lo sacó del bolsillo. Me pidió que le preste 10 soles para su pasaje y para su hijo, le presté y hasta ahora me debe 2 soles, oe págame!
Al día siguiente. "Maxwell, recuperé lo que perdí, ayer me gané con un celular!" – Que bien – le digo, ¿Fue una rifa, bingo, te encontraste botado?
No, le quité a una flaca que pasaba por mi barrio, era de otro lado y me quité con su celular.
Ptm! Oe pero dijiste que ya no hacías eso, que habías cambiado, está mal y tu hijo?
Necesitaba, además la flaca estaba caminando con el celular en la mano, no tengo la culpa de camine viendo su facebook, ya lo vendí, tenía que comprar cosas para mi hijo.
Días después se fueron Martel, Lurita, Cienfuegos y todo cambió, con los nuevos no era lo mismo, las risas y las jodas duraban poco y cada vez teníamos más trabajo, se les extrañaba.
Me dijo un día “Oe esa chica habla huevadas sobre Dios” para la próxima va a traer su biblia y nuestro refrigerio va a ser clase de religión jajaja me da ganas de enseñarle mi pinga y decirle “Lo que te pierdes” jajaja acá está tu Dios jajaja que fea su vida por mi madre jaja.
Disculpa Augusto, le hablé a la chica y nos hicimos amigos, eso creo, y he ido a su iglesia u.u
Luego me dijo: “Ya no quiero robar, a veces me pican las manos, mis patas le joden para ganarnos algo pero que no quiero ir, quiero ver a mi hijo crecer, que vaya al colegio, quiero que tenga buen concepto de mi”.
-Hazlo por tu hijo - le dije, deja eso, no vayas. Ellos te están llevando por el mal camino, ya dos están presos ¿Quieres ser el siguiente? Ellos son mala influencia, aléjate aunque sea poco a poco evítalos. Te arriesgas robando, acá te distraes y ganas dinero.
"Por mi hijo lo voy a hacer, si no fuera por él yo seguiría en lo mismo." Me dijo sinceramente.
Ya casi fines de febrero, Augusto estaba en el almacén, estaba trepado tratando de sacar unas cosas del último nivel, lo cual no tenía las herramientas necesarias para hacerlo ni las condiciones creo, no sé cómo le dieron permiso para que funcione ese local ¬¬ el punto es que mi amigo, Augusto se cayó de la escalera de una altura de 3 metros aproximadamente, se fracturó la rodilla y su brazo estaba con sangre, menos mal todos teníamos seguro que la empresa brindaba. Yo no lo vi caerse.
Al bajar del segundo piso lo veo sentado al costado de la administradora triste, lamentándose. “Ya te recuperarás, no te preocupes, espero verte de nuevo, cuida mucho a tu hijo y trabaja por él, no olvides tu palabra”, Augusto me dio la mano y me dijo “Fue un gusto conocerte amigazo, gracias por escucharme” – "El gusto es mío"- le dije. Al rato se lo llevaron.
Augusto nunca regresó, le pregunté a la jefa sobre cómo estaba y a ella no le importaba, ni sabía.
Los dejo con una canción de un grupo peruano
De la nada - Espinas












